Cayo Arena – Un Paraíso En El Caribe

“Debe haber algo extrañamente sagrado en la sal: está en nuestras lágrimas y en el mar”. Khalil Gibran

De todos los rincones deslumbrantes con los que cuentan la mayoría de islas en el Caribe, Cayo Arena tiene una magia y encanto únicos.

¡Y es nuestro! Sin lugar a dudas uno de los tesoros de República Dominicana. Su nombre original es Cayo Paraíso. Se trata de un islote de coral ubicado al Noroeste del país, entre Puerto Plata y Montecristi, frente a Punta Rucia.

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Cayo Arena. Foto: fuente externa.

La primera vez que vi una foto de este lugar, hace muchos años, recuerdo con vergüenza cómo mi primer pensamiento fue que no podía tratarse de aquí; y que en cuál exótica isla estaría ¿Tal vez en una de las Polinesia?

Inmediatamente confirmé que se trataba de un pedazo del cielo en nuestra Quisqueya me propuse ir. Pero todo se da en el momento oportuno.

Y hace poco emprendimos un fin de semana la aventura junto a unos amigos formidables. Para ser más específica junto a tres cómplices.

Arlene, Eliana y Karla, hermanas de otras madres que conservo gracias a los años del colegio con afectos que se han renovado en los últimos años.

Extrañamos a las que no se nos pudieron unir, como Ana María y Raysa. Dos fueron en pareja y otras dos fuimos con esposo e hijos. Un grupo de “personajes”, ¡en el real sentido de la palabra! jejeje.

Distintos y a la vez con mucho en común. Fuimos con el firme propósito de aventurar y pasarlo genial. Y lo logramos.

Con varias semanas de anticipación acordamos fecha y buscamos presupuesto en hoteles de Punta Rucia (el punto más cercano para ir a Cayo Arena, donde se llega sólo por mar).

Raysa, que ya había ido, nos orientó respecto a quién contratar para el tour (desde el hotel sale más caro), la comida y la importancia de llevar algo con qué flotar en el lugar. Pero de eso les hablo más adelante.

Vamos por parte. Hicimos los “amarres” pertinentes en los trabajos para poder salir las cuatro familias un viernes a las 2 de la tarde de Santo Domingo. Nos esperaban 249 Kms y un buen trecho de carretera nunca explorada.

De Santo Domingo se llega tomando la Autopista Duarte. Antes de llegar a Santiago se entra en la Avenida Circunvalación Norte, que conecta con la Autopista Joaquín Balaguer, la que conduce a la Línea Noroeste. Pasamos Navarrete y luego de “Maizal” hicimos una derecha.

Se puede seguir de largo, como si se fuera para Montecristi, y doblar por Villa Elisa, pero optamos por esta otra ruta.

Fuimos literalmente loma arriba en rumbo a la costa, pasando el Mamey, donde inmediatamente se aprecia la belleza del paisaje que aporta la Cordillera Septentrional.

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Vista de la piscina de noche

Pasamos La Jaiba, Estero Hondo, donde está el Santuario de Mamíferos Marinos. Y luego llegamos a Punta Rucia, a las 6 de la tarde.

Teníamos reserva en el Punta Rucia Lodge, el que estaba disponible para ese fin de semana. Se trata de un hotel boutique con un fuerte arraigo ecológico, rústico y muy encantador.

Nos recibió su creador y propietario, un francés, junto al gerente, un dominicano con acento venezolano por los años vividos en la tierra de Bolívar. Las vistas y ambientes del lugar logran el efecto “embelesante”. La comida también se lleva buena puntuación.

No tanto las habitaciones estándar, aunque estas como las superiores con vista al mar están en coquetos bungalows.

A la mayoría nos pareció que para el precio deben mejorar el nivel de calidad y atenciones al cliente en algunos aspectos. Pero como ya puse en mi comentario más extendido en Trip Advisor: “¡Siii, lo recomendaría!”.

Una de las ventajas es que desde allí mismo se puede tomar la embarcación que los lleva a Cayo Arena. Si este servicio no es del hotel se cobra un fee por cabeza, además del precio de la excursión.

Otra opción es salir desde la playa pública, La Ensenada, o desde el punto que acuerden con el proveedor del servicio.

Sábado en la mañana. La trulla de 11 que éramos estábamos listos y emocionados con sendos bultos y neveritas en mano para la aventura que nos deparaba.

Importante tomar en cuenta los que no han ido que el calor y la humedad en la zona les puede jugar una mala pasada.

Recomendable ir con ropa que cubra del sol pero a la vez sea fresca, una alta protección solar y muuuchaaa hidratación, no sólo de cervecita y otras delicias etílicas 😉 si no mucha agua y/o bebidas que repongan electrolitos y energía. También algo para picar, en el cayo no se vende nada.

Entusiasmados embarcamos en una lancha, o más bien yola, del servicio que ofrece el famoso Mártires de la zona. Todos con chalecos salvavidas (así debe ser por ley y por seguridad). 20 minutos de mar, a veces picado, nos aguardaban.

La lancha arrancó como honda que lleva… para la emoción de algunos y el espanto de dos niñas de 6 años una y otra de unas cuantas décadas… jjijijiji

Pero María Paula, 6, apodada ese fin de semana como “la Jefa”, pronto se convenció de que era tan emocionante como un “ride” de Disney, ¡pero de la vida real! Y del susto pasó al disfrute total.

El grupo. Como niños con juguete nuevo rumbo a Cayo Arena. Foto de Arlene Andújar.
El grupo. Como niños con juguete nuevo rumbo a Cayo Arena. Foto de Arlene Andújar.

A los pocos minutos de zarpar hicimos una parada técnica para abastecernos con hielo en otro punto de la bahía de Punta Rucia.

En medio del trayecto pasamos por una piscina natural en medio del mar, parte del encanto de la oceanografía del área. Quienes desean pueden bañarse un rato aquí, pero decidimos seguir a todo motor hacia el aún desconocido Cayo Arena.

Cuando alguien, cual Colón en la Santa María, gritó “¡tierra!” y empezamos a ver el pedacito de paraíso aproximarse tal cual las fotos ( y tal vez mejor), todos nos convertimos en niños ilusionados.

Nos grabamos en video, pena que aquí no lo pueda mostrar. Nuestros rostros y expresiones me quedarán grabados gratamente, espero por siempre.

Los botecitos se posicionaban como mejor podían para que uno pudiera hacer tierra, o mejor dicho: Arena.

Todas las pertenencias se sacan e inmediatamente se busca espacio en las ranchetitas que hay destinadas para dejar los bultos y demás enseres.

Como parte del tour nos esperaba un guía que ofrecía equipos para hacer snorkeling ( la mayoría llevamos los personales) y una visita guiada a los corales del área que es parte de sus atractivos.

Me encantaba lo que veía. Yo, una enamorada eterna del mar y sus paisajes, no sabía por dónde iba a iniciar a hacer fotos, o si mejor no perderme el momento y simplemente contemplar este banco arenoso rodeado de corales, enclavado en medio del Atlántico. Una verdadera maravilla de la naturaleza.

Su tamaño es impreciso, pues agranda y encoje dependiendo la marea. Sus arenas blancas. Sus aguas turquesas y cristalinas.

Muchas cosas se pueden decir de esta bella islita. Lo mejor es experimentarlo y juzgarlo con ojos propios. Ese día había mucha brisa y corriente.

Con el equipo de “snorkeling casero”, chapaletas y demás, una vez en el mar el esfuerzo por no caerse atolondradamente cuando no estabas nadando y hacías pie era titánico.

Se tragó un poco agua, jejeje, y aquí recuerdo varias caídas estrepitosas tratando de salir del mar de nuestra querida Karla, las cuales quedaron para la historia y risa del grupo en un video que hizo Arlene con su super poderosa cámara acuática, gracias a la cual les puedo presentar estas fotos debajo del mar, donde me sentí  muy en paz y feliz.

Eso sí, a pocos metros de la orilla ya está hondo, por lo que para poder estar cerca de la zona donde mejor se aprecian los corales es bueno andar con algún salvavidas o algo que ayude a flotar en el mar, como bien nos recomendó nuestra amiga antes del viaje, porque entre que te cansas y entra agua por la escafandra, se puede hacer complicado valerte sólo de los pies para no hundirte.

Nos encontramos con amigos, y hasta don Freddy Ginebra y el Procurador del país se dieron cita en Cayo Arena ese día. Cada vez es más visitado por dominicanos, así como por extranjeros.

Su fama internacional crece aceleradamente. Creo que duramos unas tres horas disfrutando de este paraíso en el Caribe. Extasiados, aunque algo agotados y hambrientos, emprendimos el regreso.

Pero antes, como parte del tour, dimos un entretenido paseo por los manglares.

Al capitán que nos tocó parece que le suelen pedir que “le dé duro” a la navecita y a veces hacía unas maniobras algo temerarias para la risa de la mayoría.

No así para mi amiga Eliana, a quien relajaban que me devolviera el muslo, ¡que me estaba clavando las uñas!, Jajjajajaja. Pero también hubo momentos, como en esta foto, que estaba muy chilling disfrutando el entorno.

Con Eliana por los manglares
Con Eliana por los manglares. Detrás sonríe mi vasco, Iban.

Nos deleitamos con la flora y fauna del trayecto en este parque nacional que comprende los manglares. Nos apuntó el capitán que a esta zona suelen traer las embarcaciones de la costa en tiempo de huracanes y tormentas ya que su geografía las protege.

Finalmente llegamos a una playa donde nos aguardaban manjares del mar, recién pescados, de un sencillo y típico comedor local, a muy buen precio y previamente acordado con el operador del tour.

Sin dudas un oasis que puso broche de oro al maravilloso día. Sólo un detalle amenazó nuestra digestión, pues se nos había informado que algunos platos, como la langosta, estaban en el precio original que nos dieron por paquete y al final resultó no ser así.

Pero la verdad, estaba muy buena y el precio final dentro de lo justo. Sólo que ojo cuando negocien.

Para hacer este viaje lo ideal es tener la opción de dormir en Punta Rucia, para poder descansar y conocer más lugares de la zona, si así desean. Punta Rucia está ubicado en la Bahía La Isabela.

Se trata de un pintoresco y pequeño pueblito de pescadores poco explotado. Está cerca de Puerto Plata, en una zona que se caracteriza por sus magníficas playas.

Aprovecho para destacar que el nombre Rucia, de Punta Rucia, le fue puesto por Cristóbal Colón por el color pardo o rucio de los animales que aquí encontró. Al regresar al hotel todos directos a la piscina. Bueno, no todos. Nosotras. Los hombres, niños incluidos, fueron directo a ver la final de la Copa América.

En fin, que todos nos relajamos a nuestra manera pero ese día ya no hubo fuerzas para explorar más. Teníamos la ilusión de destinar el domingo para ir a Montecristi, y así algunos conocer El Morro. Desistimos.

Una hora y media de camino hasta allá para luego hacer casi 5 horas de regreso a Santo Domingo no nos pareció muy atractivo. ¡Además quedó como excusa para planificar una próxima escapada!

 

Si hay algo bueno de las experiencias de viajar en grupo es que cuando hay la suerte de tener buena sintonía (como en este caso) se estrechan lazos y se identifican esas almas con las que vale la pena caminar cerca, por este camino de la vida.

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Acerca de Ony Valdez 47 Articles

Ony Valdez Periodista, Productora, Locutora, Relacionista Publica y Bloguera. Fundadora del Blog http://www.misviajesmidestino.com Si quieres escribirme un correito, puedes ir a la sección de contacto.

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